
El cementerio es de traza “mediterránea”, con planta cuadrada, con una avenida principal que marca los ejes distribuidores de los espacios de la necrópolis, racionalista, dotado de viviendas para conserje y capellán, sala de autopsias, capilla, etc., construido todo ello en un estilo ecléctico sin grandes elementos ornamentales. En la portada principal y en las columnas del cierre perimetral destacan iconografías como coronas de flores, antorchas encendidas o relojes de arena, representativas del paso del tiempo, de la llegada de la muerte, del tránsito hacia otra vida.
El 1 de octubre de 1890 fue inaugurado, siendo todo un acontecimiento social en aquel Avilés de fines del siglo XIX, una villa inmersa en una de esas épocas de bonanza que ha tenido a lo largo de su milenaria historia.

